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VIVIR EL ARTE by Josie Watson

Pasajera en tránsito perpetuo

Ésta es mi vista preferida de Londres, desde el Tate Modern Art. Cuando estudiaba arte en Buenos Aires y escuchaba que alguien habia venido a ver una exposicion de arte aquí, me daba un cierto pudor. Un respeto indeceado por sentirme inferior. Yo no tenía ninguna certeza, o menos indicaban mis posibilidades sociales, que podría ir algún día a ver una exposición con la tranquilidad de quien tiene ese estilo de vida y puede mantenerlo. Con la tranquilidad, fruto de la seguridad económica, de quien sabe que puede volver a ver otra exposición allí comunmente.

Hoy vine a ver la vista de la basilica St Paul desde este lado del rí porque era un programa ocacional de virnes por la noche y porque es un lugar en el mundo que me reconforta. Necestaba con desesperación una bocanada. No tengo la tranquilidad de poder volver a ver una muestar aquí. Ya no necesito esa tranquilidad. Tengo más bien la seguridad de no poder volver a entrar a UK por un mínimo de 6 meses, con suerte. Porque anoche sucedio el Brexit finalmente.

Mi familia es británica por el lado de mi padre. Tenemos derecho a llamarnos británicos, pero los más chicos de la familia, los nacidos luego del 86 no tenemos derecho a tener ciudadanía desde el cambio de leyes del Commonwealth en 1982 con la retirada de Hong Kong de sus colonias. Es como tener derecho a llamarte auto y no tener derecho a poseer uno en toda tu vida.

Mi vida no es la del artista que puede pagarse cualquier realidad. Al menos no por ahora. Muchos piensan que sí y se equivocan. De este lado de la pantalla hay una chica de tan solo 31 años que no entiende otra cosa en su vida que no sea el arte. Desde los 19 años dejé mi ultimo trabajo de dependencia para dedicarme solo al arte, en la forma en la que me lo concediese, y aquí estoy. Mis ahorros nunca me permiten proyectar mi vida más allá de 3 meses.

Es un estado de vida que muchos no soportarían y que automáticamente pensarian “claro, por eso te va bien, porque lo soportás, pero no es natural a mí soportar ese estress”… yo creo que tampoco me es natural a mí. Vine a ver ésta vista de la manera en la que menos soñe verla: no sintiendola “mía”…

Claro, Buenos Aires es mía. Me la conozco de pies a cabeza. “Me” porque uno se refleja en su ciudad. La recorri y la viví de la misma manera que todo lo que vivo esta vista: Nunca fue mía del todo. “Mía” como quien cree que por tener plata para pagar el antojo que desea la podrá poseer más, sentirse más a gusto, sentirse más capacitado.

Hoy, despues de muchos años y desde ya hace unos cuantos años agradezco que ninguna realidad haya sido mía. Mi realidad siempre fue el arte. El arte, si de verdad es un suceso de vida o muerte en tu vida, te va a dar lo que le pedís a cambio de una sola cosa: todo. O todo o nada de arte. En Buenos Aires nunca tuve más que lo que mi espalda gano de moza para pagar las cuentas, mi mano gano de diseñadora para comer, mi mente gano de directora de arte para progresar artísticamente. Buenos Aires me mantuvo siempre a raya.

Cuando era pequeña solia rezarle al dios en el que creia una cosa. Le repetía una frase pausando el silencio entre medio de cada repeticion escuchando el silencio de la fuerza espiritual del arte. Al mundo espiritual hay que hablarle y para eso escucharle. Cuando terminaba la tercera repetición un escalofrío me recorría. Sentía que una mirada de otro mundo me escaneaba, me sacaba toda careta y evaluaba si lo que acababa de pedir restaba pedido con la total coherencia de todas mis celulas. ¨Dios, haceme una gran artista”.

¨Gran¨ depende siempre de la grandeza que uno considere grandeza.

Mi realidad, al menos por ahora, no me coloca en un nivel de privilegio, como la mayoria de la gente cree, espera, me desea (gracias por ello) o proyecta. Estoy en etapa de crecimiento. Quizás podría haber saltado a ese mundo de arte y dinero unas cuantas veces en mi vida. Con muy pocos años y mucha suerte. Pero siempre decidí no dar ese paso hasta estar lista. Ese escaneo (o habrá sido esa sugestión) me sugerian que no me apure. No me arrepiento en ningun miíimetro. La realidad del mundo de ese entonces no estaba ni cerca del giro visagra que la sociedad viene haciendo en los ultimos 10 años. Amo la realidad del mundo a la que esperé para pertenecer hoy. El otro mundo podria no haberme hecho feliz. Nunca lo sabré. “Corazón que no ve, no siente”.

Hoy no tengo mucho, tengo arte y soy feliz. Sé que construyo algo sólido cuando creo en conjunto con las personas a las que admiro. Los vínculos son lo más importante en mi vida. Ya no llevo conmigo la creencia de una entrega al otro incondicional hasta niveles inconscientes de autobicot. Mi entrega al mundo es por medio del arte. Que entienda el que pueda entender. Y quien me entienda, sabrá que mi entrega es sincera. Todo al servicio del arte.

Pero no es fácil. Hay que sobrevivir, en este mundo, y trabajando del arte. Muchas veces me encuentro en momentos de comer menos y progresar artísticamente. Extaordinariamente mi cuerpo se desvalancea más en esos momentos y subo de peso. El estrés ya es tan parte de mi vida que puedo distinguir el sano del malo. El sano es tan solo un silvido matutino, la temperaura ideal para estar alerta. No entendería una vida sin estar despierta. No entendería una vida tranquila, segura, estable, comoda y cuidada. Me deprime instantáneamente. Si buco ahora trabajo fuertemente para constrir mi propia estabilidad es porque la gran musa del arte ya sabe que soy suya. Siempre romperé la comodidad con creatividad.

Quizás por eso me volví “emprendedora”. Desde chica cada pasatiempo que tuve lo transformé en un proyecto. Será también porque mis padres me enseñaron a trabajar desde los 14 años. Será porque soy millenial latinoamericana, es decir, cuando nací, en 1988, mis padres aun sufrían los efectos tardíos de la reseción mundial de 1970 que llevó a américa latina a su endeudamiento y posterior reseción en 1980. En el año 1987 la crisis de la bolsa americana (norte-americana) seguiria azotando a latinoamerica, ya que los que tenían dinero lo habían invertido en dicho mercado. Para cuando yo nací, mi padre ya había visto sus ahorros (con los que esperaba pagar el préstamo con el que compró nuestra casa) transformarse en casi nada dos veces… y en 11 años más le sucedería otra vez en el Corralito Argentino. Mi padre, quien nació en argentina por casualidad (porque sus hermanos nacieron en países distintos por ser una familia viajera) tenía ya casi 35 años y recibía en sus brazos a su quinto hija, Josefina. Él venía de viajar por el mundo y no había vivido lo que mi madre sí había vivido de pequeña en la Argentina., quien sí había vivido de pequeña el default de 1957 y recordaba no haber podido comprar el pan. Mi madre ya sabía cómo nunca tendría que faltar el amor en épocas de crisis.

Soy millenial, hijos de Baby Boomers latinoamericanos que también discfrutaron del “deme 2” y de grandes procesos de globalización y privilegio económico por la carrera médica de mi padre, quien estudió en la misma universidad y un año posterior al Che.

Soy millenial latinoamericana, no me tocó ver al mundo en otra cosa que no sea la reseción. Mis amigos millenials de otros continentes la vivirían en persona solo luego de sus 18 años, endeudándose a causa de, o luego de la universidad. Solo de grandes nos entenderíamos todos por igual. Quizas por esto me da lo mismo tener o no tener, preferible poder compartir. Y quizás por eso tambien, aspiro a contruir dignamente un estado de vida que me permita vivir por mí autentica valía, que eligo sea por la entrega al arte. No al sistema, si al arte.

Tiene un orígen que mi perfil sea de “Artista y emprendedora millenial”.

Cuidando a Tallulah en Sydenham. Trusted House Sitters.

1 Comment

  1. Marian

    Jose, qué linda prose que tenés, y la manera tan directa de decir las cosas. Yo soy más vueltera y metafórica, nadie me entiende nada jaja. Gracias por compartir tu experiencia y darnos una ventantita a tu persona, tu alma, tu mente… Te quiero mucho!!!!

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