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NEGOCIO VS ARTE

NEGOCIO VS ARTE

No hay nada más horrible, duro y vil para un artista que ser analizado como un mero negocio.

La razón de hacer las cosas creativamente está en todos nuestros movimientos, desde los brazos que se mueven involuntariamente debajo de las sábanas cuando dormirmos, con quién soñamos anoche, cuánto abrimos el grifo de agua caliente en la ducha, cuál fue el último beso que le dimos a la abuela, qué cantidad de queso untable le ponemos a la tostada, a quián amábamos en la infancia, cuánto cargamos la tarjeta de transporte, cómo nos afectó la conversación de ayer, cómo nos peinamos hoy… un montón de cotidianidades que reflejan el aspecto más interno de nuestro ser se traducen en nuestra obra de arte.

Negocio y Arte son dos mundos muy difíciles de unir. Personalmente esta semana terminé de procesar este tema que durante un mes sentí como una sandía entera tratando de entrar por mi garganta.

Es un riesgo para el Arte unirse con el Negocio porque los tiempos de redituabilidad de un negocio no condicen con los del arte. En cambio, le imponen resultados a un proceso de producción cuyo tiempo escapa al de las agujas del reloj y cuya responsabilidad necesita estar desligada de la necesidad de pagar las cuentas a fin de mes. No es que los artistas queramos ser pobres, es que tenemos que forjar el valor de la pobreza si de verdad queremos hacer arte. Luego, si la vida nos bendice (si es que es una bendición) con grandes sumas de dinero, lo óptimo sería que podamos vivir la riqueza material con alma de pobres. No hacerlo así nos haría esclavos de los resultados atándonos a una técnica, imágen que “vende” o versión de nosotros mismos. Muchas personas pasaron por esta disyuntiva y tuvieron que dejar el camino creativo para tomar trabajos de dirección de arte en agencias de marketing y publicidad, un mundo donde el arte está determinado al servicio del negocio.

Lograr unir Arte y Negocio sin perjudicar al arte es un desafío muy grande. El mundo capitalizado nos pone bajo la tela de juicio: Si vendemos. Y ahora el mundo globalizado nos pone bajo otra nueva tela de juicio que acentúa la anterior: Si somos creíbles para el público mediático. No creo que este juicio esté acertado, porque fijémonos que dejamos entrar a nuestra casa a un extraño que conocimos en Tinder, pero no a nuestro vecino. El mundo está dado vuelta, le gusta estar así, nosotros somos parte de ese mundo. Será mejor saber en qué idioma hablamos.

Así sea en contraposición, este tema siempre debe estar en la cabeza de un artista y de la pelea que abre en nuestra mente debe surgir nuestra postura política acerca de cómo queremos presentarnos al mundo. La forma que tomemos para comunicarnos con el mundo influenciará nuestro ser, por eso es importante definirla porque “el que calla, concede”.

SUEÑA CON VIVIR DEL ARTE

A mitad del año 2019 decidí dedicarme 6 meses a estudiar cómo sería mi marca como un start-up o un negocio formidable. Hice esto porque la crisis en la Argentina me llevó a buscar un mundo mejor. Para encontrar primero hay que saber qué buscamos.

Soñar con transformar mi arte en mi propia empresa me llevó a ciudades, analizar proveedores, contactar personas, estudiar servicios digitales, aprender de impuestos en distintos países, conocer inversores, conocer mundos muy distintos y hablar con una variedad de gente muy amplia que gustaba de compartir sus conocimientos, así como también me choqué con 200 paredes, atraje oportunistas, gasté mi tiempo y energía en lugares incorrectos, me desilucioné muchas veces, perdí mis cosas personales en los viajes y también lloré de impotencia. Nadie te quita lo bailado.

Hacer este estudio en Europa y UK me dio un pantallaso muy tangible de cómo tendría que plantearse mi marca ante el mundo del mañana y por ende cómo tendría que arrancar hoy. Mi meta no es inmediata, la flexibilidad en el camino es fundamental para no caer en la ansiedad y estar dispuesto a perder es esencial para preservar lo más importante: que todo el camino sea una experiencia artística.

A la larga todo proyecto vivido a fondo es ganancia personal. Mañana podría utilizar mi know-how para otro proyecto que me haga feliz. Nunca temas pensarte en tu mejor versión, conocerla en la práctica te hará transformarte en muchas partes de ella y abrazarte de otra manera.

Suelo pensar que si la realidad de hoy no me permite ese mundo posible e ideal, entonces puedo abrazar mi circunstancia y sencillamente seguir caminando hacia allá de manera independiente. La vida se encargará de que llegue a mi mejor puerto. Cualquier minuto gastado en mi plan de negocios es tiempo ganado. Aprendí lo que me hubieran dado 3 años de universidad. Claro, me faltan un par de masters.

Sabiendo todos los aspectos del plan A (el ideal), es posible comprender cómo orientar el plan C. El plan B implicaría un exitoso plan C que empieza a concretar las bases para el plan A.

PLAN C WatsOnArt

1. Enfocar en mi producción artística. Encontrar ese lugar en el mundo donde puedo crear con tranquilidad y enfocada, con un entorno social que desee frecuentar. Contar con un mínimo de estabilidad económica para producir durante un año. Escuchar honestamente a mi inspiración y crear RE Art sin dejarme influenciar por otra necesidad que la de crear, es decir, conectar y transmitir arte.

2. Lograr insertar mis pinturas originales en un circuito de venta que me represente, es decir, cuyo intermediario comprenda lo que hago y quiera fortalecer mi camino creativo. Recomiendo evitar intermediarios que solo busquen vender arte sin compromiso al Arte. Personalmente prefiero esperar más tiempo hasta encontrar a quienes de verdad se reflejen en el trabajo de uno y quieran promoverlo, no solo venderlo. Eso lleva más tiempo de encontrar.

3. Ir avanzando el proyecto de la App de a pasos pequeños. Pagando con mis ganancias a los programadores para ir conquistando paso a paso lo que deseo alcanzar en lo referido a la herramienta tecnológica. Hay un conjunto de necesidades técnicas que necesito solucionar en cuanto al cómo se aplica la realidad aumentada sobre las pinturas. Esas necesidades suponen solucionar problemas que la técnica no contempla porque no está enfocada para el arte, ni menos para los artistas. Solucionar estos problemas es parte de mi técnica artística y la razón fundamental de porqué avanzo siempre con la App.

4. Paralelamente siempre ir madurando la marca. La marca me permite recordar a diario mi sueño de transformar mi arte en mi propia empresa, las facetas del negocio y todas las cosas que puedo ir aprendiendo de a poco con cada experiencia y que me llevarían hacia allá. Y en el camino ir tanteando paso a paso cómo esos conocimientos realmente suman o no a lo más importante: el Arte.

Que este plan suceda lentamente me permite madurar quién quiero ser, qué es lo que de verdad quiero ofrecer al mundo y si cada paso que realizo hoy de verdad me lleva a ese objetivo enfocado en mi realización personal.

PLAN A

Sus prioridades responden invertidamente al plan C.

A. Plan de negocios fuerte de un producto para un mercado determinado y un inversor Angel. Esta inversión iría dirigida a pagarle a un equipo, los materiales necesarios, servicios y proveedores. (Responde a punto 4).

B. App. Gran parte de esa inversión se enfocaría en la App por medio de la cual le ofrecería a otros artistas las herrramientas para producir RE Art gracias al Know-How de mi práctica personal. Invertir en el correcto diseño y uso de la tecnología para ajustarla al Arte es la única manera de no caer en transformar al arte en un cliente. Hacer la App indicada sería el diferencial principal. (Responde a punto 3).

C. Promover mediante un canal el nuevo género de arte fomentado por un gran número de artistas que buscar las soluciones acertadas para utilizar la técnica en su arte. La fusión de lo digital y lo real necesita de un cuidado especial y su enseñanza. (Responde a punto 2).

D. Producir experiencias artísticas de gran impacto creadas por artistas con trayectoria y solidez en que su propuesta de RE Art sea 100% artística. (Responde a punto 1).

SER ARTISTA Y PRODUCTOR

Haber estudiado a fondo mi plan ideal me permite saber de antemano hacia dónde se dirige la tecnología y saber en qué enfocar hoy mi proyecto, así solo tenga a mi alcance el plan C.

El plan C nunca podría ser reemplazado por el plan A. Si sucediesen, tienen que ser dos realidades entrelazadas. El artista, quien baja la información del mundo astral al mundo real, debe siempre dedicarse al plan C. El productor del artista tendrá que presentar su producto al mundo desde el plan A. Si el artista y el productor realmente están enfocados en el Arte, y no primero en el negocio, entonces llegarán a buen puerto. Si el productor está enfocado en el negocio antes que en el Arte… huye amigo, corre.

Ser artista y productor a la vez es lo que termina ocurriendo. Por momentos podemos ser nuestro propio enemigo o nuestro mejor aliado estratégico. La crisis mundial está poniendo a los artistas en esta situación obligada. Tenemos que pensarnos desde la mirada del consumidor y crear imágenes para Instagram, Facebook, Snapchat, etc… y a la vez ser honestos y auténticos con lo que nos pide la inspiración. Para nada fácil.

Personalmente me gusta ir dedicando tiempo a uno y a otro aspecto (el arte y el negocio) de a momentos distintos de mi vida y lograr ir avanzando las dos cosas a lo largo de los años como un gráfico de barras con dos columnas que se van llenando con cantidades distintas pero que de lejos se ven similares. Lo importante es observar el gráfico a través de los años y comprender cómo vamos avanzando con las dos cosas paulatinamente.

Los tiempos del arte no son rápidos, toma especial tiempo encontrar el estilo propio y convertirlo en una ténica que nos diferencie visualmente de los demás. Esto no ocurre de la noche a la mañana sino luego de muchos años de inversión de emoción, tiempo, técnica, error y exposiciones. Lo más importante es mantenernos siempre en actividad creativa. Paralelamente podemos ir aprendiendo la parte del negocio. El día que podamos unir las dos cosas lograremos presentar un producto artístico original e inequívoco con una propuesta de negocio que lo proteja.

Nadie que produzca o invierta en arte espera resultados acelerados ¿Entonces porqué no aprovechar todo el tiempo y sacarle todo su jugo? En vez de frustrarnos porque aún no encontramos nuestro estilo podemos aprender a sacar fotos a nuestras creaciones o en vez de frustrarnos porque aún no encontramos el lugar físico donde ofrecer nuestro arte, podemos concentrarnos más en esa técnica que nos hace bien producir.

Arte y negocio pueden transformarse en dos grandes amigas. Sin duda son un par que en la primaria se llevaban mal, pero quizás luego del colegio y ya en la vida adulta sepan mirarse más humanamente y abrazarse en la diferencia.

Ser millenial, ser artista y ser emprendedor

Ser millenial, ser artista y ser emprendedor

Sos un ser con cualidades autodesarrolladas muy valoradas por tus colegas que eligieron carreras con una salida laboral más clara. Pero su suerte no es la tuya. Pero sin embargo no estamos solos, porque hay otro tipo de personas que pasan por los mismos problemas que nosotros: Artistas y emprendedores somos iguales.

Somos autodidactas que elegimos una pasión y la convertimos en nuestra carrera profesional nutriéndola con cursos universitarios, cursos por internet, meses de prueba y error con nuestros propios recursos, años de inversión de tiempo y energía en un tema y el difícil esfuerzo por monetizar todo este Know-How. Tanto para vos como para mí la vida no se trata del dinero, para eso hubiéramos elegido un empleo (que seguramente nos mantendría deprimidos o infelices). Preferimos dedicarnos a algo que nos haga felices porque la calidad de vida no se paga con dinero, sino con la felicidad.

Pero además de seres apasionados y sensibles, tenemos que pagar las cuentas a fin de mes como toda persona. No hay nada más gratificante que saldar las cuentas con el dinero ganado por tu propio esfuerzo. En este punto nosotros y nuestros amigos somos iguales. Todos esperamos que ese empleo al que le dedicamos un aproximado de 8 horas diarias nos dé de comer. Si bien los artistas y emprendedores le dedicamos casi 24/7 hs, no significa que no tengamos descansos y vacaciones, sino que capitalizamos el tiempo con otra jerarquía. Nuestros amigos nos admiran por ello y también nos impulsan a que sigamos adelante porque nos necesitan. Ellos sueñan con un futuro donde puedan dedicarse a sus sueños y les damos esperanzas. Esperan seguir nuestros pasos en un futuro o lo harían hoy mismo si fuese posible. Somos todos millenials.

Millenials

La mayoría de los jóvenes millenials (nacidos entre 1981 y 1996) vivimos una realidad muy semejante y a la vez muy diferente a las dos generaciones que nos circundan. Antes que nosotros, los Baby Boomers, nuestros hermanos mayores y nuestros padres. Ellos, a no ser que fueran comerciantes, no conocían el concepto de “emprendedorismo” y siguieron planes de vida socialmente pautados: escuela, universidad/oficio, matrimonio, hijos, mejoras en el trabajo, nietos, final. Luego de nosotros vienen los Centennials (o generación Z), esa generación con la que empatizamos profundamente porque por “ese mundo mejor” nos sacrificamos y luchamos. Filtramos con nuestras personas miles de mandatos sociales que jamás conocerán y construimos el mundo digital confiando en que ellos sabrán cómo utilizarlo para salvar el mundo. Pero a la vez es una generación desconocida de la que tememos porque ellos sí gobernarán el mundo digital. No conocen la vida sin el internet y la matoría sabe utilizar un celular mejor que sus padres desde los 4 años de edad.

Nosotros somos ese grupo visagra que escuchó a Britney Spears/Backstreet Boys en cassette, o supo cómo cortarle a nuestro hermano la señal de internet (cuando venía por la línea telefónica) y vio morir el DVD. El mismo grupo que ideó y programó Facebook, Instagram, Snapchat, Spotify, Tinder, Ebay, Amazon, etc. Nosotros entendemos qué preservar de lo viejo y qué capitalizar de lo nuevo para generar una propuesta de valor con éxito. Nuestra agenda es una app digital sintonizada con todos nuestros dispositivos y apps preferidas. Nuestra oficina es nuestra casa, un café que frecuentamos o un espacio de coworking o un medio de transporte. Nuestra vida no pertenece a un jefe, pero a la vez reconocemos y cuidamos más códigos sociales y jerarquías que otras generaciones, porque fomentamos la diversidad de pensamiento y espíritu, así como los trabajos autónomos de los demás. Amamos el arte y la tecnología porque nos conectan con las realidades intagibles de este mundo: la espiritual y la digital.

Crisis y adaptabilidad

Todos los millenials sabemos lo que es no tener dinero, tanto los que no lo tienen como los que lo tienen en abundancia. La mitad de nosotros tuvimos padres que no tuvieron el dinero suficiente o pasaron por crisis económicas muy fuertes. La otra mitad que no pasó por ese problema igual se encontró al salir de la universidad que el mundo ya no era tan predescible como lo fue para otras generaciones y entienden que hoy “sobrevivir” significa trabajar para otro a cambio de tranquilidad económica. Todos comprendimos que el éxito económico ya no se trata de un título universitario sino de la capacidad de adaptación de nuestras espectativas. De esa adaptación el espíritu que moldea a las redes sociales.

Creatividad millenial

Ser millenial es ser un productor de arte. Ves tu vida pasar contemplando con un filtro retro los grandes y los lamentables momentos. Los mayores nos enseñaron que “problema” significa “solución”. Cada obstáculo tiene una solución alternativa, o nos lleva a una realidad determinada. Pero nosotros no juzgamos los resultados por “bien” o “mal”. Para nosotros la vida no es un resultado, es cómo transitas el proceso. O mejor aún, cuando para nuestros mayores “estar en proceso” era ser inmaduro, para nosotros es signo de fortaleza, constancia y dedicación de quien sabe mantenerse  en un proceso. También porque nuestra generación es la transición hacia un mundo que desconocemos todos.

Ser emprendedor y ser artista

En la generación millenial ser emprendedor y ser artista se igualan como nunca antes. Para emprender un proyecto propio se manejan las mismas cualidades que la de ser un artista:

  • La primera, saber que tu vida no se regirá por el orden social predescible y estar de acuerdo 100% con ello. Llegar a necesitarlo.
  • Mantener un nivel de maleabilidad y capacidad de aprendizaje constante.
  • Espertizarte en una o más técnicas o profesiones de manera autodidacta.
  • Ser una persona independiente en la toma de tus decisiones profesionales, económicas y personales.
  • Comprender la sensibilidad humana, tanto emocional como espiritual, tanto la propia como de tus clientes.
  • Ser un productor nato: Comparar precios, procesos, materiales, resultados tanto en procesos manuales como digitales.

Nuestro trabajo no es producto de un conocimiento técnico. Ese “dibujito en la pared”, ese “objeto de diseño tan único” o “línea de código con las funciones correctas” son producto de toda una vida humana presente en cada forma, no de una máquina. Tu millenial vida te da felicidad porque tu vida transcurre creativamente.

“Inconstantes”

Muchos me marcaron desde pequeña que me diferenciaba por “tener un hilo”… cierta coherencia visual y mental en todos mis proyectos creativos que se traslucía en muchos detalles. Nunca entendí porqué eso infundía “respeto”, pero en forma de “rechazo” o “frialdad”, como me pasó toda la vida. Solo en los últimos años comencé a recibir elogios por ello… pero el “respeto” a veces fue también otra inentendible “admiración” y “lejanía”… como si yo fuese única entre un millón o un alienígena impostor.

Paradojicamente vi a artistas discriminar al que “tenía un estilo” y a artistas felicitar al que “tenía una constancia”… pero esta contradicción se la adjudico al ser humano, no a los artistas. Sin embargo a la hora de relacionar las semejanzas entre artistas y emprendedores millenials noto un punto débil en común: Nadie espera que los millenials seamos constantes.

Esto es porque nuestros tutores nos vieron adquirir más intereses que los que ellos tenían disponibles y etiquetaron eso como “personas cambiantes e indefinidas”. Eso nos cultivó este errado auto-concepto de que somos más predecibles de abandonar nuestros sueños que perseguirlos. Ese es un mal que tenemos muchos millenials en nuestras mentes. Las crisis econónimas que vimos pasar ante nuestros ojos enfatizaron esto y muchos decidieron darle la razón. Muchos que hoy son infelices en sus trabajos de dependencia. La realidad es que ni siquiera éstos dejaron sus sueños. Si su sueño era estar bien económicamente, entonces fueron coherentes al tomar esos trabajos y se siguen culpando por haber sido coherentes.

A los millenials, por nuestras circunstancias históricas, nos tocó diferenciar “sueño/proyecto” de “prioridad/posibilidad”. No somos tan afortunados como quisiéramos, pero sí somos ante todo coherentes. La generación anterior, que evalúa moralmente según resultados, da sentencias inadecuadas a una generación cuya forma existencial es en forma de proceso. No nos dejemos voicotear.

Reyes de la comunicación

Ese estado nos dio las cualidades para contruir una nueva forma de comunicación: los contenidos digitales. Todo millenial, emprendedor o artista, sabe que para lograr comunicar su punto de vista único no puede recurrir únicamente a una sola actividad, como lo es la inicial producción de su producto, sino sumar muchos otras actividades para lograr que su producto gane valor. “¿Hace Ruido El Árbol Que Cae Cuando No Hay Nadie Para Escucharlo?”.

Todo millenial te dirá que no. No existe la obra de arte sin su receptor. Desde la época de las cavernas ocurre así. Nuestro receptor es un ser humano digital al que queremos acercar nuestro producto/expresión. Nos vemos obligados a publicarlo en redes sociales y crear una web. Nos cuesta horrores ordenar nuestra mente y peleamos con nuestro niño interior hasta lograr sacar nuestros hijos “al mercado”. Qué difícil. Ponerle precio, comunicarlo bien. Bien, es decir, haciendo justicia a su identidad, a la nuestra.

Somos el nuevo mundo

Por suerte estamos en un mundo que en pocos años será reinado por Millenials, Centennials y próximamente Alphas, quienes asocian “éxito” con “identidad”. El emprendedor trascenderá su  negocio allí donde ofrezca o maneje un valor diferencial. El arte será comprendido ya no como “el descolgarse del mundo”, sino la experiencia presente que nos renueva nuestra identidad. Ser artista o emprendedor millenial implica hoy apostar al desarroyo del hombre hacia una filosofía diferente y necesaria. Hoy emprender es aportar conocimiento a la raza humana, como lo hace el arte. Emprender es parte de la forma de ser de todo millenial, nuestro destino generacional, porque nosotros estamos creando el nuevo mundo digital. E inclusive hoy nuestros amigos que al principio mencioné como quienes habían realizado carreras universitarias “horizontales” ya fueron impactados por los cambios digitales y también tuvieron que adaptarse a las nuevas formas de trabajo. Todos estamos en transición.

Empoderarnos

Nadie nos entenderá como nosotros. Las personas que más evolucionan son las que saben no etiquetar a las personas, no juzgarlas. Etiquetar a las personas es una forma más de autovoicot. Una forma encubierta de inseguridad, miedo y deseo de estabilidad. Cuando antes era una forma de categorizar, preservar y sobrevivir, ahora es una excusa para no ser nosotros mismos y no dejar al otro ser. Libres. Es lo mismo que culpar al otro por nuestra falta de identidad. Si no sabemos ver al otro como una persona en constante proceso y en cambio la etiquetamos, lo único que hacemos es limitarla a lo poco que nos toca ver del mundo y de nosotros mismos. Para abrazar una identidad, hay que dejarla libre y dejarla hacer su camino.

Para hacer nuestro camino tenemos que EMPODERARNOS de nuestra identidad generacional. Millenials, Centennials y Alpha todos tenemos algo en común: el futuro está en nuestras manos, nosotros somos la nueva identidad y tenemos que fortalecerla. Para ello nos animo a HACER desde el principio hasta el final cada cosa que deseamos, porque solo su total resultado nos llevará a la siguiente experiencia. Paso a paso encontraremos el factor el común, nuestra identidad personal.

Nuestro sello propio

Luego de varias experiencias encontremos que las unirá un estilo, personas, tipo de producto, interés, contenido, etc. El factor en común aparecerá luego de varias experiencias ¡No a la primera! Empecemos a actuar, hacer, producir, caernos, levantarnos, pedir, dar, colaborar, proponer, difundir, contar, preservar… libremente y siempre hasta el FINAL de toda experiencia para encontrar nuestro diferencial. Ser emprendedor no se trata de ser exitoso con el primer negocio que hagamos, sino del espíritu creativo de seguir emprendiendo.

Lo millenials tenemos una voz interior única que nos puede guiar muy bien en ésto. La diversidad en el tipo de experiencias es positiva y capaz de resaltar el factor en común. Lo único que va a opacarlo es la falta de accción. Somos un diamante en bruto. ¡Vamos!

 

 

 

 

 

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